La única.

La única.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Nos hemos trasladado.



Reader, estamos publicando en la web de Kuki. Aquí te dejamos los enlaces de la página general y de la zona BLOG, donde seguirás encontrando los relatos más apasionantes y entretenidos para que pases deliciosos momentos, algunos prometo, serán inolvidables...


http://kukigarciakirsch.com/

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Te invitamos a seguirnos a partir de ahora, y para seguir nuevas publicaciones, desde allí.

Un abrazo y feliz verano,





Kuki.


sábado, 7 de junio de 2014

El internado de Berice Hill.




   - No quiero.
   - No digas eso sin pensar.
   - Es que no estoy segura…
 - Mujer, las cosas aquí son muy aburridas. Hay que buscar pequeños momentos de diversión. Además, le dijiste a tus compañeras que yo te gustaba.

   La chica, sentada sobre sus piernas, observó  la mano del Rector  y vio que ésta avanzaba lentamente de la cintura hasta el pecho. Le pareció  una tarántula trepando por la blusa del uniforme, buscando el lugar perfecto para hincar los colmillos.
   - Su mano me parece una enorme  tarántula.
 - La picadura de la tarántula es dolorosa pero no es venenosa. Produce una hinchazón, y enseguida uno se recupera bien y lo olvida.
 - No sé. Creo que esta clase de picadura no se olvida – le dijo dulcemente. Tenía  los ojos entornados y  permanecía agarrada a su cuello, como un náufrago al salvavidas.

   El rector siguió en su empeño sin tener en consideración sus palabras. Paseó la palma de la mano sobre la espalda de la joven, palpando la tira del sujetador. Después, arrollado por la creciente ola de excitación que nacía de lo más profundo de su ser, buscó el camino en el interior, y desabrochó la prenda. Los pechos se soltaron. Los acarició por encima, durante unos segundos. Después comenzó a dibujar con la yema del dedo medio, círculos siguiendo el perfil de la aureola, con tan talentosa dedicación, que a ella se le escapó un suspiro excitante. Atrapar los pezones entre los dedos, y presionarlos suavemente, fue para ella el último escalón antes del cielo .

Cuando se cansó de los pechos, fascinado ante la sorprendente entrega de Emily y alentado por su madurez, se ocupó de lo más sagrado. La agarró por las rodillas y lentamente le separó las piernas. Los pliegues de la falda del uniforme se abrieron como un abanico, y ante sus ojos, apareció entonces una ruta apasionante e increíble, casi lastimosa, emocionante hasta doler. De  frente a lo insólito, atisbó un cruce de caminos. Superado por la lujuria, en los los primeros segundos de indecisión, ahora el paraíso se ofrecía como un imponente vergel. En el centro, el árbol prohibido sostenía una única y apetitosa manzana, fresca e intacta, todavía, al alcance de la mano. Apenas podía sofrenar el rocín que se encabritaba bajo los pantalones. ¿Quién sería tan estúpido para desaprovechar la ocasión? ¡No quería desaprovechar la ocasión! ¡No debía desaprovechar la ocasión!.

A Emily le resultaba imposible luchar contra los cosquilleos que sentía en sus partes íntimas, además, ella no había provocado tan terrible situación…¿Qué más daba? Nadie se iba a enterar. Y él era tan guapo, maduro y poderoso…
Se aflojó el nudo de la corbata, abrió los primeros botones de la camisa y  apartó algunos mechones de la frente. Quizá unos segundos vitales para echar un pulso con la ética y la moral, pero insignificantes, en sentidos prácticos. Rápidamente volvió a seguir instrucciones del diablo. Mientras con una mano exploraba entre los acantilados muslos, con la otra enganchó la nuca para atraer la cabeza de la dulce Emily hacía sí, lentamente, sin dejar de mirarla. Ella cerró los ojos y entreabrió los labios tras humedecerlos, también las piernas y sus profundidades, intentando en esos nebulosos momentos, no pensar en nada ni en nadie, ni por supuesto en el innumerable listado de prohibiciones y pecados descritos y registrados en Berice Hill.

   -Podría comerte toda ahora mismo.

   La joven echó la cabeza hacia atrás. En cualquier momento le explotarían los pechos por la agitación. Quiso gritar. No para pedir socorro. Gritar, para implorar más… Mucho más.
Pero, solamente se le oyó decir con la respiración entrecortada:
   
   -Yo también te lo comería todo…
   
   Era la primera vez que una alumna de primer curso osaba a tutearle. Sin embargo, no tuvo más consecuencias que las impuestas por voluntad del increíble océano donde se ahogaban ambos.
   - ¿Me has tuteado? -le preguntó con un tono autoritario, englobado en un susurro de acero, mientras se devoraban la boca.
    - Sí. Lo siento mucho, Rector.
    - No es suficiente, Emily.
   El hombre le agarró de la muñeca suavemente y llevó la mano hacía el epicentro de su inmenso dolor. La dejó caer sobre la bragueta del pantalón.
    - ¿Crees que podrás hacerlo?
  -¿Y me perdonará, entonces? ¿Por tutearle? Lo siento tanto…-dijo mientras buscaba el camino.
   -Por supuesto, jovencita.
   Emily no replicó. Abandonó su regazo, se colocó de rodillas frente a él, y se limitó a esconder la cara entre sus piernas.


El Rector, echó la cabeza en el respaldo. Bendijo a Dios. ¡Por Dios! Dios, no, se dijo… Pero ya era tarde para remordimientos. Muy tarde.
   Ahora, toda razón y realidad, conocimientos, derechos y deberes, reconocimientos, e incluso condecoraciones, comenzaron a desdibujarse; Berice Hill, la institución modélica, bajo el peso del pecado y abnegada entre olas de deseo y alquitrán, tan altas como montañas, alzadas y esculpidas con la fuerza de la lascivia más ácida, negra y demoledora, la cruda inocencia expuesta como una fruta abierta, al alcance de la oportunidad.


De repente, rompió el silencio un insistente repiqueteo de nudillos en la puerta principal, que les obligó a separarse de inmediato.
   -¡Rector! ¿Está usted ahí?
   - ¡Un momento, por favor!-vociferó y su tono resultó  sin disimulos, de extremo fastidio. Tras unos segundos, en los que ambos aprovecharon para ganar distancia y compostura, aparecieron sentados a ambas orillas de la mesa, adoptando un aire reverente.
   - ¿Qué ocurre, hermana Linette?
   - Hace rato que le esperan en dirección, Sr. Hoffman. La Hermana Superiora me ha mandado recordárselo.
   - ¡Ah, sí! ¡¿Cómo he podido olvidarlo?! En fin, acabo con lo que tenía entre manos, y voy para allá.
   - Si es así, prefiero esperar a Emily aquí afuera. 
   -¡Claro!  Solo serán dos minutos. Puede esperarla.
   La hermana Linette cierra la puerta mientras echa un 
vistazo a Emily, algo acalorada y con el pelo revuelto.



Emily Barnes. Estudiante de primero
de Ciencias Químicas. 

En cuanto la alumna de primer curso, Emily Barnes, salió del despacho y se alejaron tres o cuatro pasos, la joven se aventuró a compartir su preocupación.
   - Hermana Linette, ¿puedo contarle un secreto?
   - No sé yo…Los secretos son cosas del diablo.
   - Es que…
   - Emily, el mes pasado cumpliste dieciocho años.
   - ¿Y eso que importa?
   - Pues que ya no eres una niña sino mayor de edad. No tienes por qué contar ciertas cosas. Además, deberías sentirte afortunada, sea lo que sea.
   - ¿Por qué se niega a escucharme?
   - Ya te lo he dicho antes. Los secretos son balas. Las balas de un arma que las carga el diablo.
   Emily insiste.
   - Lo que me pasa no es normal, hermana.
   - La normalidad no conduce a ninguna parte -y añadió:-Es una bendición que seas la elegida. Yo te envidio, querida Emily.
   - ¿Cómo?
   La madura hermana Linette se sentó junto a Emily, en la cama, una vez que entraron en la habitación de la alumna.
   - Vamos, levanta los brazos. Te ayudaré a desvestirte – le dijo en tono condescendiente. Emily obedeció. La religiosa le quitó con sumo cuidado el pullover y lo dejó sobre el pie de la cama-. El rector es un hombre maravilloso, ¿no crees? Inteligente, gentil, bondadoso…¡Y es tan atractivo!
   - ¡Hermana!
   - La hermana Linette es religiosa pero también mujer-le dijo de forma espontánea.
   - Ya, pero…
   Emily, se desabrochó el uniforme. Lo dejó caer hasta las caderas. Después se levantó de la cama y se desprendió de la prenda por los pies.
   - Hermana Linette, ¿es pecado hacer el amor?
   -¿Hacer el amor? -repitió para ganar tiempo y pesar bien la respuesta, mientras la agarraba de las manos para volverla a sentar junto a ella, en la cama-. No puede ser pecado algo tan digno y  hermoso, querida.  Hacer el amor, es el más bello acto que existe ni existirá jamás entre dos seres humanos. Hacer el amor, es caminar juntos durante el amanecer de una serenata, es componer una ópera y avanzar entre flagrantes tesituras hasta alcanzar el do de pecho, es correr juntos bajo un aguacero, es tirarse al mar unidos por las manos desde un acantilado, es… Tantas emociones a la vez, es… – clamó la religiosa-.  ¡Y es también dar y recibir, es abrir y cerrar, es tomar y soltar, es imponer y ser impuesto… ¡Hacer el amor, es la leche, Emily!

   La joven, observó ahora, tras soltarle las manos, que  la hermana Linette deslizaba una delgada alianza de plata a lo largo del dedo índice. La sacaba y la metía constantemente. Parecía excitada. Se preguntaba por qué. Se suponía que las religiosas, por muy mujeres que se proclamaran, carecían de todo deseo sexual, o al menos eso querían aparentar.  Y también se preguntaba a qué se podría deber tantas atenciones por su parte. No era demasiado normal que las educadoras entraran por la noche en las habitaciones privadas de las alumnas internas. Aunque algunas veces ocurría, sobre todo, con las más pervertidas, como Penny Armstrong o las más alocadas, como Elisabeth Heart, quién presumía de exhibirse desnuda ante el consejo rector, y de recibir favores por parte de la directora, la señora Stuart.

   La joven se quitó las prendas interiores ante la atenta mirada de Linette.
   - Eres preciosa. Emily. ¿Lo sabías? -preguntó mientras le puso la mano sobre la nalga-. No me extraña que nuestro Rector te haya escogido a ti entre todas nosotras -. Linette observó de nuevo las mejillas de la chiquilla coger el color de las cerezas. Luego, animada por una excitación que ya reconocía como demoledoramente placentera, intentó ganarse su confianza-. ¿Me preguntaba si habías visto desnuda a alguna mujer como yo?

   Emily negó tímidamente con la cabeza. Luego, con el ritmo cardiaco acelerado, se obligó a preguntar:
   - ¿No será, hermana, una lesbiana?
   Linette se rio con ganas.
   - No. Eres preciosa, cielo, pero no me van las chiquillas.
   - Pues, no lo entiendo-dijo al ver como la religiosa se desnudaba ante su asombro.
   - Bueno, no todo gira en torno a ti, ¿sabes?


   En ese momento, irrumpió el Rector en la habitación de la joven. Y olas de alquitrán y deseo, tan altas como montañas, demoledoramente placenteras, entraron con él, se revolvieron con las aguas templadas de las dos mujeres, y  formaron un océano, ahora, navegable para tres.

                                           F i n
   -¡Anaïs! ¿Cómo se atreve?
   -¿Qué?
   Las alumnas del Taller de Escritura Creativa comenzaron a reír, tras momentos de gran silencio y  expectación.
 -¡Señorita, D’Uberville! ¡El texto que acaba de leer es inconcebible e inapropiado! ¡Sepa que tiene un CERO!
   -¡Pero, ¿porqué?!
   -¡Es obsceno! ¡Y de mal gusto!-graznó forzando una mueca terriblemente fea-y luego añadió-: Por cierto, ¿de donde a sacado usted la inspiración, Anaïs? Ni esto es Berice Hill, ni por aquí anda ningún pervertido; ni que yo sepa conocemos a ninguna “Linette”. (Por suerte, le faltó decir.)
   Anaïs D’Uberville echó un vistazo a toda la clase. Desde su posición en el estrado, podía observar de forma privilegiada, a todas sus compañeras, pero sobre todo, podía intuir, con la precisión de un relojero suizo,  los pensamientos ajenos; vio pulgares levantados, caritas sonrojadas, pulgares bajados, caritas extrañadas, lenguas sacadas, dedos formando uves…
¡Y Caras! ¡Caritas! ¡Carotas!
   -Yo solamente, hice lo que usted me pidió.
   -¿Qué le pedí, D’Uberville? -respondió la profesora con gran crispación.
   -Un texto. Algo original e inédito. Y fue lo que hice. Usted no puso limitaciones. No tengo la culpa. Tendría que haber impuesto normas.
   -¡No tienes razón! ¡Y por más que lo argumentes, nada te salvará del suspenso en esta área!
   -¡Váyase a la mierda, profesora Brossman!
   -¡Fuera de mi clase! ¡Está expulsada!
   -Muy bien-contestó la alumna con gran temple-. Pero, déjeme decirle que su beatura de pacotilla, me la paso por el forro- respondió mientras abandonaba la clase, entre olas de exclamaciones y susurros-. Por cierto,  el otro día la vi masturbarse en los vestuarios de los entrenadores, frente a Duncan Pierce. No se si ahora viene a cuento o no…Pero, ese cero, me ha vuelto loca, ¿sabe?…Y por cierto, 
profesora-añadió mientras cerraba la puerta del aula-. Me acuesto con su marido, el Rector de la Universidad. La historia que le he contado, es real. Verídica. Y autobiográfica.


                                    F I N



  -¡Bruce, llama a Kuki! -vociferó el productor-. Dile que su jefe odia las historias metidas en otras historias que a su vez forman parte de otra historia! Dile que...
   - ¿Qué está despedida, jefe?
   - Dile, que quiero salir con ella.


                                    ¿Fin? 


    

viernes, 16 de mayo de 2014

El lugar más bonito del mundo.



   - Espera. Apaga la luz.
  - No, por favor. Deja que pueda verte. 
  - De verdad. Espera, espera...Quiero que nos conozcamos como lo hacen las personas ciegas. 
  - ¿Quieres que solo te toque, sin poder mirarte? Te da vergüenza...  
  - ¡No! No es eso. 
Quiero que nos imaginemos.
  - ¿Quieres sentir mis manos en tu cuerpo? ¿Tus manos paseando a ciegas por mi piel?
  - Esto lo hemos imaginado tantas veces... Y no quiero que sea "echar un polvo", simplemente.
  - Tienes razón. ¿Quieres decir...?
  - Quiero decir que si nos comemos a besos en la oscuridad, el resultado será infinitamente más satisfactorio, porque la imaginación entrará en nuestro juego. Y las sensaciones serán más intensas al privarnos de uno de los sentidos. Es como probar alimentos con los ojos cerrados. ¿Lo has hecho alguna vez? El paladar se intensifica y recibes sensaciones únicas y desconocidas.
  - Está bien. Me has convencido. Apagaré la luz. 
  - Gracias.
Me estoy desnudando.
  - Sí, lo sé. Lo siento. Hueles a flores. A campo. A libertad.
  - ¿Y tú? ¿Qué estás pensando ahora?
  - Imagino tu cuerpo y siento una gran excitación. Como si fuera mi primera vez. He imaginado tantas veces este momento...
  - ¡Espera! Aún no puedes tocarme. Quiero que estemos desnudos, frente a frente. ¡No puedes tocarme, por favor!
  - jajaja...Vale. Perdona. Es el olor de tu pelo, el aroma de tu piel, es increíble, me estoy volviendo loco...Te deseo con todo mi espíritu.
  - ¡Tú hueles a musk! Y hasta siento a chorros tu emoción. 
  - Será porque respiro como un galgo...
  - ¡No! Es la evocación de este momento en que me tienes y no me tienes...
  - No me tortures más y déjame tocarte, morderte, desordenarte, conjugarte, amarte...
  -  Tócame los pechos.
  -  Los imaginé así. Así...
  - ¿Así, como?
  -  Suaves, firmes, duros... Y saben a ti.
  -  En cambio, tu cuello...
  -  ¿Qué le pasa a mi cuello?
  -  El calor que emana, me vuelve loca. 
Tócame. Ya sabes...¿Qué sientes? Dime...
  -  Es una suave y cálida sensación, parecida a la de ir descalzo por la arena una mañana de junio.
  - Quítame las bragas. ¿Y ahora?
  - Ahh... Ahora estoy flotando sobre el mar. Siento la humedad y el calor, la brisa y el placer de perderme en las profundidades un océano nuevo.
   - Quiero que me hagas el...
   - ¿El amor?
   -  Y olvidarme de todo.
   - De todo...
   - Hasta de mí misma.
   - ¿De todo?
   - Hasta que borres mi identidad, sí. 
   - ¿Hasta quebrarte los recuerdos?
   - Hasta romperme por dentro.
   - ¿Hasta arrancarte del falso hábito de mujer intachable?
   - (Suspiros) Sí, sí...
   - ¿Y llevarte al lugar más bonito del mundo? ¿Es eso lo que quieres?
   -  Por favor...
   -  Allí donde hay alguien a quien se quiere muchísimo y donde hay alguien que nos quiere de veras...
   -  Ese sí que es el lugar más bonito del mundo...Sí.
   -  Uno habitando al otro.
   - Te amo, te amo, te amo... Te quiero siempre aquí, tan adentro, tan mío...Pero tengo miedo...
   -  Entonces besaré el miedo en tus labios, no habrá dudas ni remordimientos. Te querré más todavía.   
   - Esto es un sueño, ¿verdad?
   - No, creo que no.
   - No... No lo es. ¡Ay! ¡Qué mordisco!
   - ¡Quédate conmigo! 
   - No puedo.
   - ¿Por qué? ¿Nuestras ataduras? ¿Y si no existieran?¿Y si tú y yo, en realidad, somos los que tuvimos que estar destinados a estar juntos, a amarnos de veras y por un error del programa acabamos atados a personas que en realidad no eran para nosotros? ¿Y si nuestras parejas son las mentiras y nosotros lo eterno, lo verdadero? ¿Y entonces?
   - Entonces, tendría que dejar de verte...
   - ¿Por qué?
   - Sencillamente, acabaríamos perdiendo la emoción que hemos sentido en este momento. No debes pedir más. Ni menos. Solo vivir como lo hacen los invidentes. A golpe de sensaciones. Aquí y ahora...
   - Llévame otra vez al lugar más bonito del mundo...
   - Allí donde hay alguien a quien se quiere...
   - ...A quien se quiere descubrir, siempre, por primera vez...





miércoles, 7 de mayo de 2014

Amanda, la emperatriz del sexo.



A las siete de la mañana, de vuelta a casa, todos los caminos no conducen a Roma. Quizás por el cansancio, la resaca, los remordimientos o la conciencia que arrastras como un ancla, por el empedrado de la calle. 
   Al llegar al portal, ubicado en el número 3 de la calle Doctor Fleming, Amanda, saluda fríamente a la portera y su hija antes de meterse en el viejo ascensor. 
   - Buenos días.
   - Buenos días, señorita Amanda.
   Cuando comienza a ascender, entre los rellanos, madre e hija inician la primera conversación de la mañana.
   - Debe ser puta.
   - ¿Tú crees? 
   - ¿Has visto la cara que trae? 
   - No. Me fijé en los zapatos.
   - Una mujer en tacones lleva el cielo en las piernas y el infierno en las intenciones -dijo entornando los ojos. La hija bajó la vista y repasó los pies de ambas. Al encontrarse con las viejas zapatillas del trabajo, sintió una gran decepción.
   - Pues yo la envidio. Me parece una chica lista de esas que ganan mucho dinero.
   - ¡Suciamente!
   - Igual no. Debe ser gogó. O actriz. Con esas piernas...
   - ¿No es lo mismo?
   - ¡Claro que no! ¡Eres una antigua!
   - ¡Y tú una fresca! ¡Vamos, a trabajar!
   La hija abandona a su madre entre sapos y culebras, mientras ésta coloca el contenedor de basura en el patio. En ese momento, la portera ve en el suelo de la entrada del ascensor, un tarjetón negro y dorado. Al acercárselo a la vista pudo leer, en primer término: "Sex & Privilege: La llave que abre tus fantasías. Citas y encuentros mágicos. Máxima discreción"
   La portera, mira en ambas direcciones. Nadie la ha visto. Dobla por la mitad el papel y se lo guarda en el bolsillo delantero de la bata.


Los miembros del prestigioso club Sex & Privilege gozan de una libertad sexual absolutamente embriagadora, esa con la que otros solo pueden soñar. Los encuentros se producen una vez al mes en la residencia Moon House, durante las noches de luna llena. 
    A pesar de lo que algunos imaginan, sus adeptos nada tienen que ver con el vampirismo clásico, sino más bien, con otra clase de perversión mucho más lozana y divertida. Para ellos la luna en su plenitud es importante sencillamente por la utilidad, ya que otorga mayor indiscreción y el jardín, que durante las reuniones carece de luz artificial, queda deliciosamente trazado entre claroscuros excitantes, pero sobre todo, a la vista de aquellos que solamente buscan el placer observando a los demás.
    En Sex & Privilege nadie oculta su identidad y gozan del sexo a cara descubierta. Cualquiera podía imaginar que eso resultaría peligroso a la hora de mantener en secreto sus prácticas, pero no era así. Existe un pacto de silencio. Lo relativo a la discreción, es aquí fundamental. A nadie le interesa que sus nombres se vean envueltos en escándalos de este tipo y las leyes internas del club, protegen sobre ello. 


Club Sex & Privilege.
Moon House.
Más allá de los muros de la casa, nadie se conoce. No se saludan ni quedan para salir; ni tampoco hay nunca un final de cuento para nadie. Toda la historia se limita a aprovechar la estancia durante unas pocas horas. 
    A veces ocurre que salta el enamoramiento, las menos, pero en ese caso, el reglamento es contundente: Se debe abandonar el grupo y seguir la relación fuera.
    Con sus anonimatos asegurados y totalmente protegidos, la única preocupación del invitado, al entrar en la mansión, es recoger "la llave adecuada". Para algunos, ese detalle, además de emocionante, significa el toque de distinción del Club respecto a otros de la ciudad. Escoger tu llave de acceso al placer, entre un gran manojo (negra en el caso de los hombres y burdeos para las mujeres), resulta siempre apasionante. A partir de este momento las cosas transcurren con inusitado interés, y una vasta excitación ubicada en el epicentro más íntimo. Totalmente expectantes, ahora las normas del juego invitan a encontrar lo antes posible, la cabina del deseo que ceda al introducir la llave, que cada miembro del club guarda en su mano.
    Las cabinas del deseo, no son otra cosa que pequeños habitáculos donde se ocultan voluntarios "para ser el regalo inesperado" de los miembros del club con acceso a este particular servicio. Un voluntario de cabina, debe aceptar al invitado que le toca por suerte, y bajo ningún concepto puede rehusar a ser utilizado como deseara el dueño o dueña de la llave. 
Jacob, uno de los voluntarios que espera
recibir a la socia que tenga la llave
 de su cabina, y sorprenderla con sus
hermosos encantos.
Las cabinas, están repartidas a lo largo y ancho de la magnifica finca, y a veces, puede llevar algún tiempo encontrar la tuya.
     Algunas de estas pequeñas habitaciones están alejadas del camino trazado y se encuentran entre maravillosas buganvillas o junto a bellos rosales o almendros que comienzan a florecer, en el lecho del lago o junto a las escaleras de acceso a los miradores. Puedes copular en el interior, de pie; entre estrecheces y paredes de bambú, fuertemente asido a tu pareja de destino, o tal vez salir al exterior, para poder disfrutar del placer en horizontal. 


Socio y voluntaria de cabina,
en su apasionante encuentro.
Pero sin duda, lo más destacable en este grupo, es su particular y espectacular modo de recibir a los nuevos miembros. El onanismo es una práctica habitual para los iniciados. Y la señorita Amanda Fitzgerald, jugaba un papel importantísimo.

Amanda Fitzgerald. La Emperatriz


Amanda, vecina del número 3 de la calle Doctor Fleming, es una asidua a las fiestas de sexo, una mujer alta, morena y delgada, de piel muy clara, conocida en el ambiente como La emperatriz. Vestía de forma elegante, con medias de finísimos derniers y zapatos altos de Blahnik o Jimmy Choo. Las faldas eran de tubo y dibujaban curvas perfectas, perspectivas de vértigo. Solía acompañar la prenda con vaporosas camisas de seda, normalmente de colores básicos, como el blanco, el rojo, el negro o el gris, y con una ajustada americana. Cuando Amanda entraba en acción, era exclusivamente para recibir a los nuevos socios.              
    Ordenaba a los hombres colocarse en fila a un lado, y a las mujeres frente a ellos, en otra linea. Entonces, Amanda se paseaba entre ambas hileras para realizar una inspección ocular, algo parecido a lo que se estila en el ejército. Solía acompañarla una pequeña fusta de madera rematada con un plumero de tiras de cuero, que asía en la mano izquierda. Mientras caminaba, con ese aire de superioridad, envuelta en su brutal belleza lasciva, se iba golpeando, amenazadoramente, la palma de la mano derecha. Si en algún momento la inexperiencia o el miedo a lo desconocido, aún no te habían lanzado en brazos de la excitación y la lujuria más salvajes, ahora, sin duda, ibas a entrar en el juego, a medida que tus ojos se acostumbraran a ella y a los tiempos que marcaban en la sala, sus impresionantes  tacones de aguja.
    - No sé si entre vosotros hay algún imbécil que ya se le haya puesto dura -vocifera-. Espero que no seáis tan sensiblilones, porque nadie en mis filas se corre antes de que yo lo diga. ¿Si?
    - ¡Sí, emperatriz! -contestan los hombres.
    - Bien. Voy a pasar revista a vuestras pollas. Me gustan grandes y gordas, pero sobre todo juguetonas. Preparar vuestros paquetes porque tomaré lo que es mío. ¡Y voy a disfrutar viendote sudar sangre. ¿de acuerdo, pringado? -pregunta dirigiéndose a un hombre alto y corpulento, escogido al azar de la fila.
    - Sí, emperatriz -responde con gran sumisión mientras cae en picado al profundo pozo de sus ojos negros.
    - ¡No me mires, estúpido! Ya sé que te gusto, aunque no soy para ti. ¿Pero quién te has creído, imbécil? -pregunta lanzando una carcajada maléfica muy bien estudiada. Después intenta provocarle acercándole los pechos al torso-. ¿Sabes? -continua-.  El atrevimiento aquí se paga muy caro. No entiendes lo que has hecho mal todavía ¿verdad? Ahora vas colocarte de rodillas y besarás la punta de mis zapatos. ¡Hazlo! ¡De rodillas, grosero!
    El hombre obedece.
    - ¿Y vosotras?-se dirige a la fila de las mujeres-. ¿Qué estáis mirando, ahí paradas? ¡Os quiero ver en ropa interior! ¡Desnudas!, ¡Ahora! ¡Os comenzareis a masturbar sin quitar las bragas! ¿Me habéis comprendido perras en celo?
    Algunas mujeres asienten con la cabeza.
    - No os oigo, zorras estúpidas. ¿Qué habéis dicho? -volvió a repetir agitando amenazadoramente la fusta al aire, profiriendo el sonido del azote-. Las participantes a la ceremonia de iniciación contestan alto y claro-. Bien preciosas ninfas de prostíbulo barato, ¿no queréis qué os ponga el culo rojo delante de este grupo de rupestres, que lo único que piensa ahora mismo es meterla en cualquiera de vuestros recónditos agujeros, verdad? 
    - No, emperatriz - vociferan juntas, mientras el hombre fornido sigue lamiéndole los zapatos, a cuatro patas.
    - ¡Ya has terminado, imbécil! ¡Arriba! Quiero ver si tienes levantado el ánimo -dice mientras le palpa el miembro por encima del pantalón de oficina-. Estás totalmente empalmado. Bien, cariño, eso no es malo, ¡si no te corres!-. La emperatriz le acerca los labios al cuello y le azota la yugular con la punta de la lengua. El iniciado jadea profusamente. 
    Mientras tanto las mujeres, que se hayan sumidas en sus propios placeres en una masturbación en grupo, miran a los hombres entre tanto se acarician por encima de las bragas. Unas se tupen el clítoris, otras se dibujan pequeños circulitos deliciosos, y algunas, las más atrevidas, optan por apartarse la prenda a un lado, para introducirse los dedos en una profunda metáfora coital.  
   
Lucia, una de las inicidas. 
Amanda que sigue paseando su cuerpo con gran solemnidad entre los debutantes, se dirige a los varones sin perder de vista a las mujeres, mientras grita:
    - Ahora vais a perder la poca dignidad que os queda, chicos. Quiero que os quitéis toda la ropa. ¡Ahora! ¡Vamos!
    Los hombres obedecen. Saben que es un requisito indispensable si quieren formar parte del selecto club, y están dispuestos a todo. Algunos, muy excitados intentan dolorosamente contener la emoción que asoma a borbotones.
    Mientras tanto las mujeres, en fila, frente a ellos, esperan las ordenanzas de Amanda. 
   - Ya estáis muy  cachondas. Así me gusta ver a mis 
chicas -proclama mientras asalta a una atractiva joven rubia y la besa apasionadamente en la boca. Después la arranca de la fila, la coloca en el centro y le obliga a enseñar el culo a los hombres-. Mirad este culito. ¿No es para comérselo? -pregunta cacheteando la nalga de la joven.



    Los hombres contestan:
    - Sí, emperatriz.
    - Y vosotras, ¿a qué esperáis para hacer lo mismo que esta preciosidad? Vamos, no seáis tímidas, y mostrad vuestros elegantes traseros a estos jinetes que os desean montar como a yeguas calientes...¡Vamos, idiotas! ¡El culo! -ordena Amanda agitando la fusta- y luego añade-. Ya sé que lo estáis deseando. Queréis unos y otras, cruzar la linea, follar como animales... De acuerdo...
    Pero cuando La Emperatriz estaba a punto de finalizar el acto de iniciación, la entrega final, se dio cuenta que uno de los socios, en la segunda fila, un hombre de mediana edad y estatura, tenía a sus pies manchas de semen.
   - ¿Será verdad lo que ven mis ojos? ¿Es-eso-semen?-preguntó al hombre-. ¿Quieres decir que te has corrido a pesar de mis órdenes?
   El iniciado asintió compungido. 
   - ¡Límpialo! ¡De rodillas, inútil! Lo harás desaparecer con la lengua...
   El debutante obedece mientras algunas mujeres esconden la cara en los pechos de las compañeras o emiten sonidos de asco.
   Cuando acaba el castigo, La Emperatriz le ordena levantarse, vestirse y le obliga, entre lindezas, a que abandone el club. La próxima ocasión, deberá seguir a rajatabla sus órdenes y preceptos si desea ser miembro del Sex & Privilege. 
    El acto finaliza cuando la Emperatriz eleva la fusta por encima de su cabeza y la deja caer hasta sus pies, azotando el aire con el plumero de cuero. Por fin, los iniciados se relajan, sobre todo los hombres, que ya podrán dar rienda suelta a sus instintos contenidos. La Emperatriz da la última orden: "Amaros los unos a los otros"...Y los nuevos miembros lo celebran con una esperada orgía, como no, acompañada de un buen banquete a base de mariscos y caza, y según marcan los canones del buen comer y beber, excelentes vinos y champán francés.
   


 Amanda a vuelto a casa. Son las siete de la mañana. Esta cansada. Se desviste deprisa, se desmaquilla con impaciencia. No desea otra cosa que meterse en la cama, cerrar los ojos y desconectar del mundo. Sin embargo, el timbre de la puerta, rompe sus planes.
    Se dirige a la puerta y coloca el ojo en la mirilla. Acto seguido abre con una mueca de fastidio. Es la portera.
    - Señora Yolanda...
    - Perdone las horas, Amanda, ya sé que acaba de llegar. Estará cansada. Pero es importante.
    - Dígame, ¿qué quiere? 
    - ¿Puedo pasar?
    - Claro, perdone. Sea breve. Estoy muerta de sueño.
    - Sí. No se preocupe. Será muy rápido. Tan rápido como esto.
    La portera saca un revolver. Amanda retrocede varios pasos sorprendida y aterrorizada.
    - ¿Qué significa esto?
    - Significa que esta jodida.
    - ¿Por qué? ¿Qué le he hecho yo?
    - Siéntese. ¡Vamos! ¡En la cama!
    Amanda  obedece.
    - Eres un puto timo. A mi no me engañas.
    La bella joven, se estremece.
    - ¿Qué?
    -  ¡Qué eres un fraude!
    - ¿Cómo se ha dado cuenta? ¿Usted?
    - ¿Una vulgar e inculta portera como yo, quieres decir?
    - Sí... Digo, no. Ya me entiende. ¿Cómo?
    - Por un detalle simple. Tus ojos.
    - ¿Mis ojos?-preguntó sorprendida. Giró la vista en dirección al espejo del tocador y se topó con dos diamantes negros tan profundamente oscuros y brillantes, como el interior de dos pozos de agua encendidos bajo la luz de la luna-. Me garantizaron que nadie se daría cuenta. 
    - Pues ya ves que te engañaron.
    - ¿Qué ha visto en mis ojos?
    -  Mira, guapa, no hay nada mas interesante que los ojos. 
 ¿Ya miraste a los ojos de la otra persona? ¿A los ojos de esos a los que sueles humillar? O del ser amado y no amado. Del amigo y del conocido. Del jefe y del compañero de trabajo. De un niño y un anciano. Los ojos emiten una energía que es la misma energía del alma. Cuando miro en los ojos y dejo que los otros miren en los míos, estoy abriendo puertas hacia un mundo de comprensión y amor. Tú nunca eres capaz de mirar a nadie a los ojos. Y menos dejar que te toquen. ¡Eres una Puta Imagen Holográfica! ¡Un programa de última generación!
    - ¿Y ahora?
    - Ahora todo ha acabado. No podrás seguir engañando a esa pobre gente. Te voy a matar.
    - ¡Mujer estúpida! ¿Cómo piensa atravesarme como esa mierda de balas, si soy una imagen? ¿Cree que acabará conmigo?
    - Por supuesto.
    Amanda se ríe. En ese momento la policía irrumpe en el apartamento, reducen a la portera y se la llevan esposada. El inspector se excusa con la bella joven y le guiña el ojo. Amanda le reconoce. Aunque la discreción le obliga a disimular.
    - Has tardado mucho- dice Amanda a la hija de la portera que entró junto al comando de la policía-. ¿Dónde se llevarán a tu madre?
    - Al psiquiátrico donde no debió salir nunca.
    Amanda y la hija de la portera, se introducen entre las sábanas. Unen sus cuerpos desnudos. Comienza la cópula, cuando una tercera imagen holográfica, nacida desde el centro mismo del deseo, se presenta como el Club Sex & Privilege Virtual.
  
    "Bienvenidos a un nuevo mundo de sensaciones. 
¿Quiere mantener sexo? 
    Elija la opción donde prefiera posicionarse:
    - Sumisión
    - Dominación
Y relájese profundamente. Enseguida pasaremos a buscarle"

               


   The end.